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Diana Castillo, estudiante del ISRI, realiza labores como voluntaria en el Centro de Aislamiento UCI-MINSAP.

Diana Castillo: “Debemos estar donde seamos más útiles.”

Luis Enriquez Benet |
02 de Mayo de 2020 / 11:15 am
Diana Castillo, estudiante del ISRI

Diana Castillo, estudiante del ISRI, realiza labores como voluntaria en el Centro de Aislamiento UCI-MINSAP.

Llegaron a inicios de semana o al menos fue el primer momento en que los vi. Es fácil distinguirlos pues, aunque llevan su nasobuco y como los demás, no salen a la calle si no es necesario, sí llevan siempre un pulóver blanco que lo explica todo: son del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI).

Alegre y con una belleza que cautiva, Diana es una de las jóvenes de ese grupo de valientes que se incorporó a los voluntarios para laborar junto al personal de la salud, en el centro de aislamiento UCI-MINSAP. Estaba en su casa, con los suyos, pero cambió todo eso y ahora está aquí ¿por qué? “Nadie me obligó, asegura Diana. Conozco la necesidad que tiene el país de personas que ayuden en los centros de aislamiento y quién mejor que los jóvenes para incorporarnos.”

En nuestra segunda conversación bien tarde en la madrugada, me recuerda un mensaje que me había enviado por WhatsApp: “esto creo que no te lo dije en la entrevista.” Ella y su novio Daniel, estaban apuntados como voluntarios en el reparto Bahía, debían incorporarse más adelante, “pero como supimos que en la UCI era más necesario por sus dimensiones, nos acercamos y buscamos la forma para ayudar aquí.”

De 23 años de edad, hija única, dice “tener suerte”. Primero porque “mi novio está aquí conmigo, los dos somos compañeros de batalla. Y segundo porque mis padres son muy comprensivos y atemperados con la realidad que vive el país. Saben que Cuba nos necesita y, aunque les duele y preocupa que su hija esté aquí, se sienten orgullosos de mí. Saben que estoy dónde debo y dónde realmente hago falta. Me pidieron que me cuide mucho y que coma bien.”

Sus clases en el ISRI no incluyen procedimientos de desinfección, ni siquiera cómo ponerse correctamente una bata, los guantes o el gorro verde. Pero las circunstancias obligan y se aprende sobre la marcha

“Preparada 100% creo que una nunca lo está. Mi mayor temor es infectarme (mis compañeros y/o yo) o contagiar a algún paciente. Para superarlo sigo las medidas que nos enseñaron y sobre todo trato de controlar la mente. Lo psicológico es importantísimo en estos casos, no nos podemos deprimir. ¡Ánimos siempre arriba! Ese es el mayor reto, lo mejor es mantenerte con la mente ocupada, siempre pensar en positivo, bueno, en este caso negativo.” Por encima de todo, nada ni nadie le borra la sonrisa.

Al llegar a la Universidad de las Ciencias Informáticas, Diana y sus compañeros fueron recibidos por Walter Baluja, Rector de esa casa de altos estudios y también por Rogelio Polanco, Rector del ISRI. “¡Qué más podíamos pedir! No había tiempo para mucho, solo para las explicaciones e indicaciones generales.”

Al entrar a la zona roja del Centro de Aislamiento, la joven nos cuenta que la vida y las rutinas diarias cambian por completo. “Nos despertamos sobre las 6 - 7 am. Servimos desayunos, almuerzo y comida en la manzana que nos toca, tramitamos cualquier inquietud o necesidad de los aislados, limpiamos los apartamentos y los preparamos con sábanas toallas y jabones para nuevas entradas. Recogemos la basura, le entregamos las habitaciones a nuevos casos, las altas y todas las tareas que haga falta.”

Cuando somos jóvenes, el tiempo libre es oro, sin embargo… -Diana me interrumpe- “¿Tiempo libre? ¿Qué es eso? Bueno, creo que es de 1 a 3 am, esa es la hora en la que me conecto e intercambio con mis amistades. Además de lavar, claro, eso es diario.”

Tanto esfuerzo y dedicación, tiene como mejor recompensa el reconocimiento de las personas a quienes ayudan, aquellos que se encuentran en el Centro de Aislamiento por sospecha de contagio con la COVID19. “La gran mayoría de los pacientes te agradecen, nos aplauden, se tiran fotos, se preocupan de que no pasemos trabajo. Hay otros que nos han dicho que ellos en nuestro lugar no vendrían aquí de voluntarios. ¡Imagínate si todos pensaran igual!”

Pero Diana no quiere reconocimiento, tampoco se arrepiente de la decisión que tomó al venir a este lugar. “No me arrepiento ni un poco, saber que estoy aportando algo al país en momentos claves, para mí es más que suficiente.” Asegura que volvería si fuese necesario, después de los 14 días que tendrá que cumplir como parte de los procedimientos para cuidar su salud.

“Si, claro que vuelvo, pero luego de un tiempo de descanso. Para disfrutar de mi familia, dormir algunas horas,disfrutar la comidita caliente casera, hacer ejercicios, tomar bastante agua, subir un poco de peso y mantener mi mente despejada.”

Ya es tarde en la noche, o temprano en las primeras horas de un nuevo día. Ahora la protagonista de esta historia busca su teléfono, del cual se desprende durante todo el día, para intercambiar con su familia, amigos y compañeros. Todos tienen muchas preguntas, se interesan por su salud y le dan consejos que siempre se agradecen.

El mensaje de Diana para ellos es claro: “Que se cuiden mucho, pero que sepan que el país los necesita, nos necesita a nosotros los jóvenes, y si alguien nos necesita, debemos estar donde seamos más útiles.”

En el futuro no muy lejano, esta muchacha estará representando a Cuba en las Naciones Unidas como continuadora del ejemplo de Raúl Roa. A su familia contará este momento de la vida como un recuerdo, una marca que el tiempo no borrará jamás. Pero eso será mañana, hoy no hay tiempo para muchas cosas, hoy Diana junto a sus compañeros, ayuda a salvar vidas.

Diana juntos a algunos a otros voluntarios en el Centro de Aislamiento

Diana y los demás voluntarios desempeñan diferentes labores en el Centro de Aislamiento UCI-MINSAP.

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